

El día 23 de marzo de 1976, a las 19 horas, salí de la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, en la ciudad de La Plata. Allí trabajaba junto a un político que había sido elegido en los comicios generales de 1973. Caminé las diez cuadras que aproximadamente me separaban de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica. En la atmósfera se advertía un aire de tensión y preocupación. Yo mismo sentía como posible que en cualquier momento frenase delante mío un auto Ford Falcon verde sin identificación.
El país estaba viviendo sus últimas horas de democracia. Acepto que se pueda caracterizar a esa época como de inestabilidad socio-económica e institucional, y aún que se defina a ese gobierno democrático como ineficaz y débil. Pero, en definitiva, había un gobierno legítimo y legal conforme los preceptos constitucionales vigentes. ¿No se podían esperar las próximas elecciones para la redefinición de la conducción del Estado, si la mayoría de la población así lo expresaba? ¿Por qué ese violento y arrogante mesianismo en unos y otros?
Sin embargo, sectores militares -en connivencia con grupos civiles, religiosos y económicos interesados sólo en sí mismos, pero con el discurso de defender a la Patria- produjeron unas horas después, en la madrugada del día 24 de marzo, un gravísimo atentado contra el gobierno.
Se inició un plan perverso de violaciones sistemáticas a nuestros derechos fundamentales. Todos perdimos cosas. Todos fuimos damnificados. Unos dejaron la vida misma. Otros su familia, su salud, sus bienes, su dignidad.
El país estaba viviendo sus últimas horas de democracia. Acepto que se pueda caracterizar a esa época como de inestabilidad socio-económica e institucional, y aún que se defina a ese gobierno democrático como ineficaz y débil. Pero, en definitiva, había un gobierno legítimo y legal conforme los preceptos constitucionales vigentes. ¿No se podían esperar las próximas elecciones para la redefinición de la conducción del Estado, si la mayoría de la población así lo expresaba? ¿Por qué ese violento y arrogante mesianismo en unos y otros?
Sin embargo, sectores militares -en connivencia con grupos civiles, religiosos y económicos interesados sólo en sí mismos, pero con el discurso de defender a la Patria- produjeron unas horas después, en la madrugada del día 24 de marzo, un gravísimo atentado contra el gobierno.
Se inició un plan perverso de violaciones sistemáticas a nuestros derechos fundamentales. Todos perdimos cosas. Todos fuimos damnificados. Unos dejaron la vida misma. Otros su familia, su salud, sus bienes, su dignidad.
Desaparición forzada de personas. Torturas en centros clandestinos de detención. Robo de bebés. Destrucción de la economía del país. Una estúpida guerra.
Es insoslayable que hagamos una mirada retrospectiva e introspectiva. ¿La mayoría de nosotros -en un contexto de temor, silencio, complicidad, indiferencia, ignorancia- no seguimos haciendo nuestras rutinas? Yo mismo reingresé al empleo público, finalicé mis estudios universitarios, me casé...
Recordemos integralmente lo vivido sin fanatismos ni odios, reconozcamos nuestros errores, perdonemos a quienes nos han agraviado, e inspiremos en las futuras generaciones (hijos, nietos, alumnos, liderados, etc.) una ética de la vida, la libertad, la paz, la responsabilidad cívica, el respeto a la diferencia -ideológica, religiosa, política-, el diálogo como medio eficaz para resolver nuestros conflictos.
Memoria, verdad y justicia.























