miércoles, 1 de marzo de 2006

Editorial: El Proceso...


En esta primera editorial del blog quisiera referirme brevemente a El Proceso, novela del escritor judío checo Franz Kafka (1883-1924), publicada después de su muerte.
Kafka fue un funcionario dentro de un instituto paraestatal de accidentes de trabajo en el Reino de Bohemia, en Praga. Tuvo que lidiar con los temas de la burocracia: con los problemas de los trabajadores y de las primeras formas de legislación social, y con aquellos relacionados con los trámites en los tribunales de justicia.
El Proceso es, en gran medida, el resultado de su experiencia personal de abogado, que observaba cómo los obreros sin recursos económicos tenían que presentarse sin asistencia letrada ante los jueces para reclamar una indemnización por haber sido mutilados. Es la confrontación del individuo solo, que ni siquiera conoce el lenguaje técnico jurídico burocrático, frente a una maquinaria administrativa voraz, desmesurada, indiferente.
El protagonista, Joseph K, no encuentra la razón del proceso al que absurdamente se ve sometido el día que cumple 30 años. Impotente frente al mecanismo judicial que se pone en marcha, como perdido en un juego cuyas reglas se le escapan, termina por destituir a su abogado y trata de defenderse a sí mismo escribiendo su autobiografía, dando a entender así que acepta su culpabilidad. Una vez dado este paso, el proceso se convierte para Joseph K en un diálogo consigo mismo y no con sus jueces.

A partir de ese momento, la palabra “proceso” se refiere, más que al acto de juzgar de un tribunal, al movimiento ininterrumpido del pensamiento que busca el sentido mismo de la existencia. Desde la indignación por su arresto hasta la aceptación de un delito desconocido, El proceso es una novela en la que el tiempo transcurre del mundo social al mundo interior, donde el individuo se encuentra solo frente a la ley y frente a sí mismo.

En este texto está incluida la "parábola ante la ley". Allí, un sacerdote le explica al protagonista la interpretación del guardián ante la ley como el funcionario ideal, que no se deja corromper aunque admite que le den cosas; pero siempre, en último término, está ahí cumpliendo con su deber. Ese guardián dice que es el más inferior de los guardianes; anima al hombre del campo a que entre en la ley si se atreve, pero le explica que tiene que saber que detrás hay más guardianes, que son cada vez más poderosos.
Los temas que obsesionaron a Kafka -La metamorfosis (1915), En la colonia penitenciaria (1919), El castillo (1926), América (1927)- son la soledad, la frustración y la angustiosa sensación de culpabilidad que experimenta el individuo al verse amenazado por unas fuerzas desconocidas que no alcanza a comprender y se encuentran fuera de su control.
La fuerza de su obra literaria ha sido tan importante que la expresión kafkiano se aplica a situaciones sociales angustiosas o grotescas… En esta línea de pensamiento, algunas de las situaciones de fuerte indefensión que viven los ciudadanos, hoy, frente a la presencia omnímoda del Estado y de las corporaciones ¿no podrían categorizarse como kafkianas?