sábado, 22 de julio de 2006

EEM 15: "Eutanasia y muerte digna".



El día jueves 20 de julio se realizó, en la EEM 15 (Curso 2º 1ª, Turno Noche, Bachillerato de Adultos) de Mar del Plata - BA, Argentina, un debate acerca de Eutanasia y muerte digna. Dilemas médicos, legales y éticos.
Hace 2 meses aproximadamente, en clase, surgió la idea de organizar esta estrategia pedagógica. En esa ocasión se seleccionó el tema, se decidió los alumnos que iban a participar en distintos roles (moderador, oradores, investigadores), se estableció la fecha.
El docente ejerció en este tiempo su tutoría presencial y virtual continua.
En la fecha prevista, el debate comenzó a las 19.45 horas y finalizó a las 21.30 horas. En este período la moderadora (González Oronó) presentó el tema, hicieron sus comentarios iniciales ambos oradores (Botta y Guerra) anticipando sus respectivos enfoques, se produjo una intensa discusión académica, se respondieron preguntas de los otros alumnos y se expusieron los alegatos finales.
Asimismo, cabe subrayar la tarea de investigación previa que realizaron los alumnos precitados con el soporte de otros estudiantes (Barrientos, Vallejo, Parra y Toloza) que fueron convocados a esos fines.
Finalmente, dedicamos unos momentos a evaluar cómo vivenciaron esta experiencia educativa (que no debiera ser la excepción, sino la cotidianidad) y cómo percibió cada uno el desenvolvimiento de su propio rol, el de los demás, etc.
Frente a cierta perspectiva (conformista, resignada, mediocre) instalada en los actores institucionales de muchas escuelas, reinvindico estas movidas como posibilitadoras del pensamiento crítico, la escucha limpia, el respeto a la diversidad de opiniones y convicciones que confluyen en la sociedad. Además, instan a los alumnos a enfrentar nuevos y crecientes desafíos, persuadirse de sus propias habilidades, adquirir nuevas destrezas.
¡Felicitaciones... y a prepararse para el próximo debate!

jueves, 20 de julio de 2006

lunes, 17 de julio de 2006

Taller: "Violencia familiar y escolar".










El día sábado 15 de julio se realizó el Taller: "Violencia familiar y escolar". El mismo fue moderado por la Lic. Virginia E. Acuña y el Dr. Esteban Echeverría Cabezas (integrantes del staff de PAIDEIA). Fue un hermoso evento (declarado de interés público por la Municipalidad de Villa Gesell - BA, Argentina) al que asistieron aproximadamente cien personas que representaban distintos sectores sociales de la ciudad. Hubo funcionarios públicos, docentes, periodistas, líderes eclesiales, padres de niños que asisten a comedores barriales, etc.
Durante más de tres horas se estuvieron considerando las causas y los ámbitos donde se producen modalidades (física, emocional, verbal, económica, etc.) de violencia, en contextos de exclusión, injusticia, inequidad.
Asimismo, se observaron y analizaron, en grupos interdisciplinarios, casos que posibilitaron evaluar el rol de las instituciones (familia, Estado, Iglesia).
Finalmente, hubo coincidencia en la necesidad de multiplicar estos espacios de reflexión y debate y conformar redes a los fines de propiciar nuevos modos de enfrentar este flagelo que nos agobia, restringe y tiñe nuestra vida de insatisfacción.

sábado, 8 de julio de 2006

Apuntes pedagógicos / 5.


Ha sido interesante el encuentro de los docentes alrededor de las cuestiones planteadas en el documento base que el gobierno, como responsable de las acciones de Estado, ha redactado para su debate y discusión.

La sensación generalizada es que dicho documento no posibilita ningún debate y orienta a ratificar la ausencia del Estado en crear las condiciones necesarias para gestionar una educación al nivel de las exigencias del siglo 21.

A pesar de este discurso encausado por el ministro Filmus, a mi entender, vacío de verdad ya que desarrolla un discurso que acumula un saber objetivo, una verdad positivista, que deja al sujeto desprovisto de transformación dando lugar a un sujeto de conocimiento, de reproducción y oponiéndose sensiblemente a aquella verdad que se construye en el andar y que se resiste al saber objetivo y a las operaciones universales que vacían la singularidad del sujeto frente a lo que habita.

No obstante la docencia ha demostrado en sus conclusiones que continúa desplegando su potencia para encontrar caminos que habiliten otros modos de habitar las escuelas. Ojalá su deseo no se canalice por recuperar un estilo de educación que ya no se liga con lo que hay.

El mayor desafío planteado en el ejercicio docente es comprender que otros paradigmas están en juego en el proceso de educar. Desde esta lectura estamos obligados a construir otros modos de hacer docencia que afecten todas las dimensiones de la vida contemporánea, atentos a los cambios que han venido para quedarse. Y no me refiero solamente a las transformaciones tecnológicas y de mercado sino a los cambios de los modos de vida, de los valores, de los modos de expresarse, de sentir, de las formas de transmitir y de conocer, de los soportes y los formatos culturales de hoy.
Lic. Virginia E. Acuña.
Asesora pedagógica de PAIDEIA.

Editorial: El gobierno y la libertad de expresión.

Todo gobierno comienza su gestión creyendo que representa los legítimos intereses de la nación y finaliza su mandato persuadido que todo aquello que se le opone conspira contra ese interés, de allí que mire a las libertades de la prensa con antipatía y conjetura complots palaciegos.
En las democracias, los gobiernos son elegidos por el pueblo y son responsables ante él. Pero a la prensa no la elige nadie. La prensa se oferta al mercado sobre la base de la calidad de su producto y del prestigio de sus periodistas. Nadie obliga a nadie a leer un diario o escuchar un programa de radio o mirar un noticiero de televisión. Mucho menos, a creerle.
Las recientes palabras de la senadora Cristina Fernández (“Hay censura de prensa. Somos censurados por los periodistas que publican la parte de los discursos que sirven a los discursos que ellos construyen”) suponen que no estamos viviendo en una sociedad democrática dentro del Estado de Derecho.
Decir que los periodistas censuran al Gobierno es invertir la historia de Occidente. Esta enseña que, inequívocamente, la prensa fue víctima de los gobiernos y que la libertad de opinar y criticar fue uno de las mayores conquistas, porque les permite a las sociedades controlar a sus autoridades.
En 1640, el rey Carlos I de Inglaterra, en medio de una aguda crisis económica, convocó al Parlamento: la primera medida que tomó el cuerpo fue abolir los permisos que había que obtener antes de publicar un escrito. Ese fue el primer paso para levantar la censura que silenciaba a la oposición. Y esa sabia prohibición de censura a la prensa, con los años, se convirtió en un principio fundamental de Occidente.

Una de sus leyes más antiguas, con rango constitucional, es la ley de libertad de prensa, de 1766. Ese texto reconoce expresamente un derecho que a nuestras autoridades les causaría escozor: todas las personas, incluso los funcionarios públicos gozan del derecho de comunicarse en forma reservada con la prensa y brindarle información sobre asuntos de gobierno. Ninguno puede ser perseguido penalmente por ello, aun cuando la información que hayan dado a la prensa fuese reservada o secreta, con excepción del caso de alta traición o espionaje.

Apenas unos años más tarde, la Constitución de los Estados Unidos (fuente de inspiración de nuestra propia ley fundamental) prohibió expresamente al Congreso dictar leyes que restringieran a la prensa. En 1787, Thomas Jefferson dijo: “Entre un gobierno sin periódicos y periódicos sin un gobierno, no titubearía ni un momento en elegir esto segundo”.
La censura no sube de la prensa o de la sociedad hacia el poder, sino que baja del poder hacia la base. Es el poder, con su amplio presupuesto, con sus recursos políticos y con métodos no siempre ortodoxos, el que tiene la fuerza para imponer el silencio.
Occidente nos ofrece muchas democracias frente a las que podemos compararnos y medirnos. La prohibición de censurar es una garantía para proteger a la prensa y a los ciudadanos frente a un gobierno; no al revés.
En un país donde no existe ley de acceso a la información; donde los decretos de necesidad y urgencia, los superpoderes y la emergencia son la regla, y donde la oposición está dispersa y desarticulada, la libertad de pensar y opinar adquiere un valor fundamental.
La tarea del periodismo independiente es preguntar, investigar y cuestionar para encontrar, si la hubiera, una verdad distinta de la que se le pretende hacer ver. Eso no es ser opositor. Es cumplir con el rol constitucional de controlar al poder por la salud de las instituciones de la República.

Humor: CN y superpoderes...

Película: Grissinopoli.


Todo comenzó un 3 de junio. Ese día, varios trabajadores de una fábrica de grisines, decidieron quedarse ocupando las instalaciones tras un año sin cobrar el salario y tres sin que la empresa abonara los aportes jubilatorios. Lo que comenzó siendo una medida de fuerza terminó convirtiéndose en un hito para la historia laboral en la Argentina.
Hoy, los trabajadores administran la empresa y comercializan sus propios productos. Es curioso lo que sucede con Grissinopoli. Este documental, surgido a partir de la crisis de 2001, es fuerte en su estructura, en sus cualidades técnicas, en su contenido.
Así como un trabajador cuestiona la acción oportunista de ciertos piqueteros por aparecer ayudando, Darío Doria no usurpa ningún espacio ni momento de las dieciséis personas que sobrevivieron la toma, que hoy pueden mirarse a sí mismas y sentirse orgullosas. Porque la película es más humana que política. Porque se habla del artículo 14 bis de la Constitución Nacional, de conflictos y huelgas, de malta, sal y levadura, pero lo que destaca ahí, en primer plano, es la actitud de la gente. El director sabe cómo presentar los hechos y las conveniencias de quienes se aprovechan de la situación tanto como demostrar los efectos del encierro y el sentirse tironeados que tienen los trabajadores. No todos piensan igual ante la toma (Mary quiere que todo sea legal, lo que puede diferir con lo que creen Julio, Dante o Ivana), pero sí sienten lo mismo. En un país con una memoria frágil, Grissinopoli sirve para mantener un recuerdo, pero, más que nada, para potenciar las necesidades individuales por sobre los deseos corporativos o políticos de turno.