
Ha sido interesante el encuentro de los docentes alrededor de las cuestiones planteadas en el documento base que el gobierno, como responsable de las acciones de Estado, ha redactado para su debate y discusión.
La sensación generalizada es que dicho documento no posibilita ningún debate y orienta a ratificar la ausencia del Estado en crear las condiciones necesarias para gestionar una educación al nivel de las exigencias del siglo 21.
A pesar de este discurso encausado por el ministro Filmus, a mi entender, vacío de verdad ya que desarrolla un discurso que acumula un saber objetivo, una verdad positivista, que deja al sujeto desprovisto de transformación dando lugar a un sujeto de conocimiento, de reproducción y oponiéndose sensiblemente a aquella verdad que se construye en el andar y que se resiste al saber objetivo y a las operaciones universales que vacían la singularidad del sujeto frente a lo que habita.
No obstante la docencia ha demostrado en sus conclusiones que continúa desplegando su potencia para encontrar caminos que habiliten otros modos de habitar las escuelas. Ojalá su deseo no se canalice por recuperar un estilo de educación que ya no se liga con lo que hay.
El mayor desafío planteado en el ejercicio docente es comprender que otros paradigmas están en juego en el proceso de educar. Desde esta lectura estamos obligados a construir otros modos de hacer docencia que afecten todas las dimensiones de la vida contemporánea, atentos a los cambios que han venido para quedarse. Y no me refiero solamente a las transformaciones tecnológicas y de mercado sino a los cambios de los modos de vida, de los valores, de los modos de expresarse, de sentir, de las formas de transmitir y de conocer, de los soportes y los formatos culturales de hoy.
La sensación generalizada es que dicho documento no posibilita ningún debate y orienta a ratificar la ausencia del Estado en crear las condiciones necesarias para gestionar una educación al nivel de las exigencias del siglo 21.
A pesar de este discurso encausado por el ministro Filmus, a mi entender, vacío de verdad ya que desarrolla un discurso que acumula un saber objetivo, una verdad positivista, que deja al sujeto desprovisto de transformación dando lugar a un sujeto de conocimiento, de reproducción y oponiéndose sensiblemente a aquella verdad que se construye en el andar y que se resiste al saber objetivo y a las operaciones universales que vacían la singularidad del sujeto frente a lo que habita.
No obstante la docencia ha demostrado en sus conclusiones que continúa desplegando su potencia para encontrar caminos que habiliten otros modos de habitar las escuelas. Ojalá su deseo no se canalice por recuperar un estilo de educación que ya no se liga con lo que hay.
El mayor desafío planteado en el ejercicio docente es comprender que otros paradigmas están en juego en el proceso de educar. Desde esta lectura estamos obligados a construir otros modos de hacer docencia que afecten todas las dimensiones de la vida contemporánea, atentos a los cambios que han venido para quedarse. Y no me refiero solamente a las transformaciones tecnológicas y de mercado sino a los cambios de los modos de vida, de los valores, de los modos de expresarse, de sentir, de las formas de transmitir y de conocer, de los soportes y los formatos culturales de hoy.
Lic. Virginia E. Acuña.
Asesora pedagógica de PAIDEIA.
Asesora pedagógica de PAIDEIA.




