domingo, 19 de marzo de 2006

Opinión: Los chicos y su cita impostergable con el pasado.

La escuela siempre tuvo que ver con la transmisión de la memoria.
En el caso del pasado reciente esa transmisión es todavía más necesaria, porque el valor de la vida propia y ajena estuvo en cuestión. Y porque el Estado fue el mayor violador de las leyes que –justamente- debía sostener, tomando la forma de un poder desaparecedor que buscó la aniquilación hasta del recuerdo. Pero cabe preguntarnos, ¿cómo producir esa transmisión para que sea efectiva? Lo que se ve hoy es que la escuela argentina es eficaz en transmitir una condena moral a la dictadura, pero no alcanza a proveer marcos explicativos más complejos, a poner en contexto lo que pasó o a discutir sus implicancias para el presente. En parte, eso se debe a que cuesta hacerles lugar a los temas polémicos o difíciles. Otras veces se genera el debate y la polémica, pero no se sabe qué hacer con las opiniones que surgen, y todo queda diluido en un "régimen de la opinión" en el que parece que no pueden construirse conocimientos más claros y acuerdos colectivos. Un tercer problema es que se disocia al "entender" (con el pensamiento) del "recordar" (con la emoción). Pero la memoria pública de la dictadura exige una sensibilidad al dolor y la injusticia tanto como un conocimiento racional más riguroso. La pregunta es: qué se enseña de la memoria y cómo se la enseña en las escuelas, para que el compromiso con el Nunca Más sea renovado y recreado por las nuevas generaciones. En ese sentido, la noción de "políticas de transmisión" se enmarca en preocupaciones políticas y pedagógicas sobre qué vínculos con el saber, el pasado y el futuro hay que habilitar desde la escuela.
Los materiales que presenta el Ministerio de Educación de la Nación tienen la virtud de no escaparle al debate, y de plantear la memoria como un trabajo de todos, una construcción plural. Decía Walter Benjamin, un filósofo alemán, que cada generación tiene su propia cita con el pasado. En este aniversario, la escuela debería habilitar otros reencuentros con el pasado, para que los chicos vayan a esa cita provistos de argumentos y herramientas intelectuales más ricas. Si les damos eso, ellos podrán hacer propio y fortalecer el compromiso de que todas las vidas merecen la pena, que hay un valor en vivir bajo el imperio de la ley, y que es necesario seguir peleando por la justicia, como a cada generación le toque.

Dra. Inés Dussel / FLACSO
Clarín - 2006