
Nací -y vivía en esos momentos- en la ciudad de La Plata, BA, Argentina y estudié, apenas unos años antes, en el Colegio Nacional de La Plata / CNLP. Posiblemente por eso, además del terrorismo de Estado que se producía en el país, me conmovió la noticia.
Entre el 16 y el 21 de setiembre de 1976 varios adolescentes fueron secuestrados en un operativo -bautizado por la misma Bonaerense ("¿la mejor policía del mundo?")- como "La Noche de los Lápices".
Comenzó como un homenaje de esa policía de tradición antiperonista; ese día se cumplía un nuevo aniversario del golpe contra Perón en 1955. El sentido era dar un castigo ejemplar a los estudiantes secundarios que luchaban por el boleto estudiantil gratuito pero que integraban, muchos de ellos, la UES, una organización de acción política de Montoneros.
Los jóvenes desplegaban su militancia en centros de estudiantes y entre sus pares de los colegios secundarios y participaban de tareas de alfabetización en barrios pobres. No eran temibles, ni enemigos armados. Y si así hubiera sido, se debería haber sometido a esos estudiantes a proceso judicial con todas las garantías constitucionales que establece nuestro sistema jurídico.
La historia de su secuestro, tortura y reclusión en distintos campos de detención fue difundida en el juicio a las juntas militares en 1985, por algunos sobrevivientes. También escribieron un libro y participaron de una película que describía esos sucesos. Todavía no se sabe donde están sus cuerpos. Sus asesinos no rompieron su pertinaz silencio.
No obstante los totalitarismos... los lápices seguirán escribiendo.




