
Otra vez las polarizaciones, los antagonismos, los discursos vacíos.
Cuando el Presidente no dirige sus ofuscados discursos contra la oposición y los medios de comunicación, aparecen los voceros del poder. Otras personas, apenas mandatarios. Estas últimas semanas ocupó el centro de la escena mediática Luis D'Elia (ver: “Ayer, piquetero. Hoy, funcionario público”, en marzo 2006). El fue el responsable de instalar un clima de temor ante una movilización opositora.
Exacerbar ese temor colectivo en una sociedad hipersensibilizada es absolutamente insensato y lesiona la convivencia que requiere toda democracia.
¿El subsecretario de Estado habla por sí mismo? Difícil creerlo. ¿El gobierno no advierte que estas declaraciones, sin fundamentos y falaces, vuelven a la opinión pública contra sí mismo? Entonces, ¿cómo no desautorizarlo? ¿Cómo no exigirle la inmediata renuncia por sus continuos exabruptos? ¿Quién financió la movilización oficialista? ¿Quién pagó los micros donde se llevó (¿espontáneamente?) a unos pocos cientos de simpatizantes de D’Elia? ¿Quiénes lo protegen? Más grave todavía, ¿quiénes son sus estrategas? D'Elía suele exhibir papeles reservados y fotografías de las personas que debe denostar. ¿Vínculos con sectores de la SIDE? No existe constatación. Aunque la oposición viene sospechando sobre la participación en tareas de inteligencia de policías que en algún tiempo habrían formado parte de la institución en Santa Cruz.
Juan Carlos Blumberg, en su discurso, criticó al Gobierno por su autismo y lo calificó de "monarquía constitucional" y "democracia formal". Desde muchos sectores se observa que esto es así… sin embargo, también se reconoce que una asamblea popular con supuestas atribuciones para resolver qué leyes sirven y cuáles debieran ser derogadas a fin de mejorar la seguridad, necesita otro ámbitos de análisis y discusión. Sería bueno para la democracia que los partidos políticos que adhieren a esas recomendaciones recepten favorablemente algunos de esos reclamos y fogoneen los reclamos por vías institucionales.
Algunas peticiones leídas:
-Tener una Policía profesionalizada, sin corrupción ni mano dura.
-Archivar el proyecto de reforma del Código Penal.
-Urbanizar las villas "donde vive gente honrada, pero también muchos delincuentes".
-Crear institutos de menores donde se los contenga.
-Control de los condenados con libertad condicional.
-Acelerar la digitalización de los DNI, como sucede con los pasaportes.
-Una comisión para investigar el posible crecimiento patrimonial de los jueces federales.
Parecen, a priori, requerimientos que deberían ser discutidos seriamente y considerados por las autoridades pertinentes de los distintos niveles del Estado, con la mayor participación ciudadana posible.
Si el ingeniero Blumberg es una persona tan impresentable y peligrosa para la sociedad ¿porqué el Gobierno le ofreció hace varios meses que se integrara, en las próximas elecciones en 2007, al kirchnerismo? Su negativa a aceptar esa candidatura, ¿significa que se convirtió en un enemigo al que hay que descalificar?
No se confunda. El tema central no es Blumberg, ni D’Elia, ni siquiera Kirchner. El asunto fundamental que nos debe interesar y movilizar a todos (sin distinción de credos, ideologías, etc.) es el sistema democrático y la República.




