
En nuestro recorrido hacia el Bicentenario (hecho que ocurrirá en 2010) el país sigue transitando la vida en democracia, pero con signos que no debieran pasar desapercibidos ya que debilitan las instituciones.
El 25 de Mayo se escucharon -con distinto alcance mediático, contenido, impronta- dos discursos.
Uno, la homilía de Jorge Bergoglio (el más importante referente de la iglesia católica en la RA) quien, con el transfondo bíblico de las bienaventuranzas, denostó la manipulación, el amedrentamiento y la prepotencia, a la vez que promovió la reconciliación y la justicia para afrontar los desafíos de construir un país mejor para todos.
Habló, con un tono moderado, de "la riqueza de las propios miserias" y de "la grandeza humilde de saber pedir y ofrecer perdón, renunciando al odio y la violencia”. También enfatizó la necesidad de evitar esa tentación de dejar hacer, sin respetar las leyes vigentes, donde solo sobreviven los pícaros y los corruptos.
El 25 de Mayo se escucharon -con distinto alcance mediático, contenido, impronta- dos discursos.
Uno, la homilía de Jorge Bergoglio (el más importante referente de la iglesia católica en la RA) quien, con el transfondo bíblico de las bienaventuranzas, denostó la manipulación, el amedrentamiento y la prepotencia, a la vez que promovió la reconciliación y la justicia para afrontar los desafíos de construir un país mejor para todos.
Habló, con un tono moderado, de "la riqueza de las propios miserias" y de "la grandeza humilde de saber pedir y ofrecer perdón, renunciando al odio y la violencia”. También enfatizó la necesidad de evitar esa tentación de dejar hacer, sin respetar las leyes vigentes, donde solo sobreviven los pícaros y los corruptos.
El otro discurso (en un contexto de miles de personas trasladadas gratuitamente, voces festivas, notas musicales, palabras políticas, etc.) tuvo un sesgo manifiestamente popular, demagógico, altisonante.
El Dr. Néstor Kirchner reivindicó la Plaza de Mayo de los 70 (desde donde él mismo fue expulsado) y con ella a una generación que, en casos, trasvasó de la militancia armada a la política. Esa misma generación fue la que chocó encarnizadamente en aquel tiempo con el sindicalismo y, la que en buena medida, se sumó después a la defensa de los derechos humanos.
Las imágenes que observé por televisión conformaban la liturgia peronista tradicional y las enardecidas palabras que se pronunciaban desde el palco seguían una lógica de confrontación ya recurrente mientras recibían el ruidoso saludo de la multitud adicta.
Recordé otras plazas paradigmáticas del siglo 20, en tiempos de Yrigoyen, Perón, Evita, la revolución del 55, Galtieri. En otro editorial las podríamos analizar.
¿Es posible conciliar esa actitud hostil del Presidente (¿de todos?) con la repetida convocatoria a una concertación? ¿Es posible compatibilizar esa rígida intolerancia con la idea de una Argentina “cada vez más plural”?
En los días siguientes, voceros del gobierno aclararon que el diálogo plural se va a realizar con quienes piensan de la misma manera y mencionaron, explícitamente, con que opositores no se conversaría. ¡Qué paradójico! Estoy persuadido que el diálogo entre quienes piensan de la misma manera es monocorde, parcial, limitado, incompleto.
El politólogo italiano Giovanni Sartori dice que “el pluralismo presupone la tolerancia, lo cual quiere decir que un pluralismo intolerante es un pluralismo falso… La diferencia está en que la tolerancia respeta valores, mientras que el pluralismo postula valores”.
Dos discursos tan antagónicos. En el mismo día. En el mismo espacio (geográfico, político, social) en que hace 196 años se empezaba a configurar el concepto de Patria.
¡Qué agradable cuando sentimos pertenencia, cuando nos vemos a nosotros mismos como co-protagonistas de la nación, como ciudadanos de un Estado que nos escucha, incluídos (no obstante la diversidad ideológica, confesional, cultural, etc.) en las decisiones de este proceso histórico!
¿Con cuál de estos discursos se siente más identificado Usted?




